
El tofu lleva décadas formando parte de la alimentación vegetal y, aun así, sigue generando dudas. Para algunas personas es un ingrediente imprescindible; para otras, un bloque blanco sin gracia que solo funciona si alguien más lo cocina bien.
La realidad está en medio: el tofu no es un producto problemático, ni aburrido, ni milagroso. Es una base proteica neutra, con siglos de historia, enorme versatilidad culinaria y un papel claro dentro de una dieta vegetariana o vegana bien estructurada.
Este artículo no pretende convencer a nadie a base de entusiasmo, sino explicar el tofu como lo que es: un alimento tradicional, funcional y mucho más interesante de lo que parece cuando se entiende cómo tratarlo.
Qué es el tofu (y qué no)
El tofu es un alimento elaborado a partir de soja, agua y un coagulante natural (habitualmente nigari o sales de calcio). Su proceso de elaboración es similar al del queso fresco, pero partiendo de leche de soja en lugar de leche animal.
No es un ultraprocesado, No es un sustituto artificial, Ni es una moda reciente.
Es un alimento sencillo, con pocos ingredientes y una técnica ancestral detrás.
Origen e historia del tofu
El tofu se originó en China hace más de 2.000 años, durante la dinastía Han. Desde allí se extendió a Japón, Corea y el sudeste asiático, donde forma parte de la alimentación diaria desde hace siglos.
En estas culturas, el tofu no se concibe como “alternativa” a nada. Es un ingrediente más, con usos específicos: en sopas, en platos salteados, en guisos, en preparaciones frías, e incluso en postres.
Su llegada a Occidente es relativamente reciente y, en gran parte, ligada al desarrollo del vegetarianismo y el veganismo moderno. El problema no ha sido el tofu, sino la falta de contexto culinario con la que se introdujo.
Tipos de tofu: no todos sirven para lo mismo
Uno de los errores más comunes es tratar todos los tofu igual. No lo son.
Tofu firme o extra firme
- Textura compacta
- Ideal para saltear, hornear, freír o marinar
- Es el más habitual en cocina diaria
Tofu suave o sedoso
- Textura cremosa
- Perfecto para salsas, cremas, rellenos o postres
- No se prensa ni se saltea
Tofu ahumado o condimentado
- Ya tratado previamente
- Útil para platos rápidos
- Menos versátil, pero práctico
Elegir bien el tipo de tofu es el primer paso para que funcione en un plato.
Por qué el tofu “no sabe a nada” (y por qué eso es una ventaja)
El tofu tiene un sabor suave, casi neutro. Esto no es un defecto, es su mayor virtud.
Absorbe marinados, caldos, especias, grasas, y técnicas de cocción.
Pensar que el tofu debe “saber bien solo” es como esperar que el arroz blanco impresione sin acompañamiento. El tofu necesita contexto, no corrección. No obstante, y dejando de lado completamente a los Haters… a mí me flipa comerme el tofo crudo con un poco de aceite de oliva, ajo en polvo, orégano y sal. Supongo que he superado el nivel +50 de veganismo.
Cómo cocinar tofu correctamente (lo que marca la diferencia)
1. Prensarlo (cuando corresponde)
En tofu firme elimina exceso de agua, mejora la textura, permite que absorba mejor los sabores.
Basta con envolverlo en un paño y poner peso encima 15–30 minutos.
2. Cocerlo antes de usarlo (tip poco conocido)
Hervir el tofu 5–10 minutos en agua con sal mejora la textura, elimina sabores residuales, lo hace más esponjoso para marinar.
Es un paso habitual en cocina asiática y muy infrautilizado en Occidente.
3. Marinar con cabeza
El tofu no necesita marinados eternos, sino bien equilibrados: algo graso, algo salado, algo ácido.
Ejemplo: salsa de soja + aceite de sésamo + vinagre de arroz.
4. Cocinarlo bien caliente
Sartén u horno caliente desde el inicio.
Si el tofu se cuece en frío, se cuece en agua; si se cocina caliente, se dora.
5. Textura antes que receta
Dados grandes, láminas, desmigado, rallado…
El formato cambia completamente la experiencia.
Aporte nutricional del tofu
Desde el punto de vista nutricional, el tofu es un alimento muy interesante dentro de una dieta vegetal bien planificada.
Proteína vegetal completa
- Contiene todos los aminoácidos esenciales
- Aproximadamente 12–15 g de proteína por 100 g (según tipo)
Grasas saludables
- Mayoritariamente insaturadas
- Sin colesterol
Minerales
- Calcio (especialmente si se coagula con sales de calcio)
- Hierro
- Magnesio
- Fósforo
Isoflavonas
(ya yo sé que en vuestra cabeza está sonando “¿Qué me ha llamado? Pero os lo explico:
Compuestos naturales de la soja con potencial efecto protector cardiovascular y óseo, ampliamente estudiados.
Tofu y mitos frecuentes
“La soja desajusta las hormonas”
No hay evidencia científica sólida que lo respalde en consumo normal. Las isoflavonas no actúan como estrógenos humanos.
“No es suficiente proteína”
En combinación con legumbres, cereales, frutos secos y semillas, el tofu cubre perfectamente las necesidades proteicas.
“Solo sirve para veganos”
El tofu forma parte de cocinas tradicionales omnívoras desde hace siglos. No pertenece a una etiqueta, sino a una cultura alimentaria.
El tofu en una dieta vegetariana o vegana
En alimentación vegetal, el tofu aporta proteína de alta calidad, facilita comidas equilibradas, permite variedad culinaria, y reduce la dependencia de ultraprocesados.
No es obligatorio, pero sí muy útil cuando se sabe utilizar.
El tofu no es un producto de moda ni una solución milagro. Es un alimento con historia, técnica y lógica nutricional. Cuando se entiende su función y se cocina correctamente, deja de ser “ese bloque blanco” para convertirse en una base sólida y versátil en la cocina vegetal.
Si alguna vez has dicho que “el tofu no te gusta”, probablemente no sea cierto.
Es más probable que nadie te haya enseñado a cocinarlo bien.
👉 Guarda este artículo, compártelo con quien aún lo mira con desconfianza y experimenta cocinando el tofo sin tenerle miedo…
Porque en la cocina vegetal, entender los básicos es lo que marca la diferencia entre improvisar… y cocinar con criterio.
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