Espaguetis con salsa de coliflor y anacardos

Espaguetis con salsa de coliflor y anacardos

Hay días en los que abres el táper con cero expectativas de conquistar a nadie, y otros en los que, sin querer, te conviertes en el centro de miradas porque lo que llevas huele demasiado bien para ser “solo pasta”.

Esta receta pertenece claramente al segundo grupo. Nació como nacen muchas buenas ideas, intentando aprovechar una coliflor que pedía protagonismo y darle la oportunidad a un puñado de anacardos que siempre salvan cualquier salsa, y acabó convirtiéndose en uno de esos platos que repites porque sabes que no fallan, ni en sabor ni en textura.

Lo mejor es que no parece comida vegetal, ni de dieta, ni de “esto es lo que toca porque soy vegana”. Parece, simplemente, un plato de pasta cremoso, pornfood y con ese punto elegante que no sabes muy bien de dónde sale, pero que hace que quieras la receta antes de terminar de masticar.

Cremosa sin ser pesada

La coliflor, cuando se cocina bien, tiene una capacidad bastante mágica para volverse suave y sedosa. Al mezclarla con los anacardos se crea una base cremosa que no necesita nata ni quesos raros para sentirse rica de verdad. No es una salsa que te deje con esa sensación de “uff, qué empacho”, sino más bien de “me he comido un plato generoso y podría repetir tranquilamente”.

Además, aguanta genial en el táper. No se corta, no se queda seca y al recalentar sigue teniendo esa textura envolvente que hace que la pasta no quede triste ni apelmazada.

Sabor que no se queda corto

Aquí no hay ajo, pero no se echa de menos (aunque si le echas, pues un plus extra que tendrá). La levadura nutricional aporta ese fondo sabroso que recuerda vagamente al queso, la leche de soja suaviza y equilibra, y la pimienta le da un puntito que despierta todo el conjunto. Luego entra en juego el sofrito de calabacín y cebolla, que no está ahí solo de adorno, sino para darle profundidad y ese sabor casero que hace que el plato no sea solo “salsa triturada con pasta”.

Y cuando al final aparece la ralladura de limón, todo se levanta. No sabe a limón, sabe a fresco, a plato que no cansa, a quiero otro bocado.

La base de la salsa

La coliflor se cocina hasta que esté muy tierna, de esas que al pincharlas ya casi se rompen solas. Luego se tritura con los anacardos, la leche de soja, la levadura nutricional, la sal y la pimienta hasta que queda una crema fina, sin grumos, con textura de salsa de pasta de verdad, no de puré reciclado. Aquí merece la pena darle tiempo a la batidora, porque cuanto más fina quede, más sensación de cremosidad tendrás después.

El sofrito que marca la diferencia

En otra sartén se cocina la cebolla con el calabacín hasta que están blanditos y ligeramente dorados. No buscamos que se deshagan, sino que aporten textura y ese sabor dulce que solo sale cuando las verduras se cocinan con calma. Cuando la salsa entra en esta sartén y se mezcla con el sofrito, ya empieza a oler a comida seria.

Pasta, mezcla y final feliz

La pasta se cuece al punto justo y se incorpora directamente a la salsa para que se impregne bien. Aquí es cuando entra la ralladura de limón, ya fuera del fuego, para que no se pierda el aroma. Se mezcla todo, se prueba, se ajusta de sal si hace falta y, sinceramente, cuesta no comérselo directamente de la sartén.

Porque es fácil, porque se hace con ingredientes normales, porque se recalienta de maravilla y porque no parece comida de compromiso. Es de esos platos que sacas del microondas y alguien siempre acaba diciendo eso de “jo, qué buena pinta tiene eso”. Y ahí es cuando te das cuenta de que, sin proponértelo, estás desmontando el mito de que comer vegano en la oficina es sinónimo de ensalada triste y cara de pena.

Es pasta cremosa, es sabrosa, es reconfortante y encima vegetal. Poco más se le puede pedir a un táper.

Si buscas más ideas para tus táper de la semana

Esta receta forma parte de una serie pensada justo para eso, para comer rico entre semana sin complicarte la vida y sin sentir que estás comiendo distinto por ser vegana. Si te apetece seguir sumando platos a tu rotación de táper, en la web tienes más recetas en esta línea, fáciles, resultonas y pensadas para la vida real. Pásate, guarda las que más te llamen y empieza a llenar la nevera de comida que apetece de verdad, porque comer lechuga nunca fue tan fácil. 🥬✨

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